Mochilas que resguardan la palabra, la memoria, la vida

La tejedora ve su fibra como la poeta su palabra

El hilo siente la mano, como la palabra la lengua.

Estructuras de sentido en el doble sentido

de sentir y significar,

la palabra y el hilo sienten nuestro pasar.

¿La palabra es el hilo conductor o el hilo conduce a la palabra?

Ambas conducen al centro de la memoria, a una forma de unir y conectar.

Una palabra está preñada de otras palabras y un hilo contiene otros hilos en su interior

Metáforas en tensión, la palabra y el hilo llevan al más allá del hilar y el hablar, de lo que nos une, la fibra inmortal

Hablar es hilar y el hilo teje al mundo

(Cecilia Vicuña,1996).

Foto: Paula Restrepo. 


Bien dice el poema de la poetisa chilena Cecilia Vicuña. El tejer es memoria, que junto a la palabra, apunta al centro de todas las cosas, y a lo invisible, pero infinitamente poderoso, que nos une como seres humanos. Tejer remite a la esencia de la vida.

Las mujeres que tienen el don de tejer, como las mujeres indígenas wayuu, lo saben. En cada tejido se deja el alma, y cada pieza de arte tejida a mano, exige no solo habilidad manual, sino profunda paciencia, atención a los detalles, ritmo, pausa. Todas las cualidades del amor. 

No hay obra digna de mayor respeto, que la obra de una mujer artesana. 

En el caso de nuestras comunidades indígenas, se suma a este valor intrínseco del arte del tejer, el hecho de que las mochilas resguardan memorias culturales, prácticas sociales, palabras, historias que hacen parte de aquello que nos define como pertenecientes a una etnia, a una cultura, a un país, a una humanidad. 

Y entonces, estamos hablando de que al comprar una mochila a una mujer wayuu compramos un objeto de valor material e inmaterial, y que con su compra aportamos, además, al desarrollo social y económico de una comunidad. Esta es nuestra invitación. Bienvenido al Proyecto Tejidos Vitales.

Gracias por avivar este sueño.

Paula Restrepo
Directora de la Fundación Talento Colectivo
Proyecto Tejidos Vitales
Bogotá, junio de 2014